
Cuando tenemos algo demasiado cerca, no sabemos enfocar. Father Mother Sister Brother es un claro ejemplo de este efecto.
Al salir de la sala he oído comentarios del estilo uf, ¡qué dramón!, …no entiendo muy bien de qué va, o …¡qué aburrimiento! Cada uno de estos comentarios es acertado. Las relaciones familiares efectivamente son dramones, no se entienden y a menudo aburren.
Jim Jarmusch nos habla de relaciones familiares basadas en la incomunicación, donde hay esqueletos en el armario, hay mentiras (piadosas hacia quien miente o sin piedad), hay patrones de comportamientos en las relaciones familiares, que suelen ser las menos sinceras. Nos pone delante un espejo en el cual hay quien no sabe reconocerse, solamente ve figuras distorsionadas, sin entender que se trata de la imagen reflejada de cada uno de nosotros y nuestras familias.
Jarmusch consigue hablar de temas existenciales profundos con un minimalismo digno de Yasujirō Ozu y unos diálogos –cuando los hay– que hubiera podido escribir Éric Rhomer y que, detrás de la aprente sencillez, esconden una complejidad extraordinaria.
Una película que invita a pensar a aquellos que se reconoce en algunos de los personajes, y debería dar la alarma en aquellos que se quedan perplejos («¿por que habrá hecho una películas donde no pasa nada?»), que son aquellos incapaces de ver su propia imagen reflejada. Según el nivel de conciencia que tengamos en nuestras relaciones familiares, la película puede ser dramática o de humor, y aquí está una de sus virtudes.
El que no se percata del humor es quien no tiene resuelta su propia relación con la familia. Que son los mismos que salen de la sala con mal cuerpo, a los que les vendría bien analizarse.
