
Otra película inflaccionada por nominaciones a los Goyas: ¡8 (ocho) nominaciones! Por suerte –o malasuerte– solo dos premios.
Una tragicomedia histriónica del género slapstick (efectivamente, hay una tarta en la cara y un par de guantazos), pero… española. Ya han muerto los Berlangas y los Wilders y los Cukors, y el género cómico es lo más difícil. Según la cultura popular «es más fácil hacer llorar que hacer reír», y esta película lo demuestra.
Todo lo que sucede es descontado, se intuye desde el principio, y los actores/actrices parecen actuar sin entusiasmo, participando a un pastiche que no está a la altura ni siquiera del Two Much de Fernando Trueba (1995), otro ejemplo de slapstick español que se hundió en la miseria.
No merece la pena hablar más de esta película, indigna de un sábado por la tarde en Cine de barrio, si no es para subrayar el ínfimo nivel de los Goyas que, por desgracia, es el reflejo del cine nacional.



