Autor: admin

  • La cena (2025)

    Otra película inflaccionada por nominaciones a los Goyas: ¡8 (ocho) nominaciones! Por suerte –o malasuerte– solo dos premios.

    Una tragicomedia histriónica del género slapstick (efectivamente, hay una tarta en la cara y un par de guantazos), pero… española. Ya han muerto los Berlangas y los Wilders y los Cukors, y el género cómico es lo más difícil. Según la cultura popular «es más fácil hacer llorar que hacer reír», y esta película lo demuestra.

    Todo lo que sucede es descontado, se intuye desde el principio, y los actores/actrices parecen actuar sin entusiasmo, participando a un pastiche que no está a la altura ni siquiera del Two Much de Fernando Trueba (1995), otro ejemplo de slapstick español que se hundió en la miseria.

    No merece la pena hablar más de esta película, indigna de un sábado por la tarde en Cine de barrio, si no es para subrayar el ínfimo nivel de los Goyas que, por desgracia, es el reflejo del cine nacional.

  • Los Domingos (2025)

    Los domingos es una película oscura –en todos los sentidos, también en lo que se refiere a la fotografía, a cargo de Bet Rourich, en su primer largometraje como DOP– triste en su desarrollo y en su final (previsible desde el principio), bien interpretada por una desconocida Blanca Soroa en el papel protagonista de Ainara. Lo que puede sorprender es que una decisión tan dramática como la de entrar en convento de clausura no suscite aspavientos y revuelos en la familia.

    Lo más terrorífico es que probablemente esto se debe a que tenemos tan asumido en nuestra sociedad el rol de la iglesia (en este caso, católica apostólica y romana), que nos limitamos a considerar peculiar –pero no escandaloso– una vocación, o una llamada divina hacia un destino oscuro y sacrificado. ¿Sería lo mismo si una joven quisiera abandonar su vida para entrar en el ISIS? Ciertamente, no. La familia se opondría con todos sus medios. No pasa lo mismo cuan do una chica decide tomar los votos monásticos.

    La única persona lúcida parece ser su tía, pero de poco sirven sus consejos y su oposición. Las palabras dirigidas al padre de la criatura –su hermano– cuando Ainara, casi en éxtasis hace su elección definitiva representan la lucidez que parece faltar a todo el mundo:

    «…nosotros te queremos. Nosotros somos tu familia, y no esa pandilla de putas locas, mentirosas… que viven asustadas, escondidas del mundo… Nadie te está llamando.»

    Demasiado tarde, no sirve. La pregunta de antes: cortar los lazos con la familia para meterse en una secta, si se tratara de seguir a Charles Manson, o entrar en el Ku Klux Klan o en un cártel de la droga de Ciudad Juárez, ¿provocaría la misma falta de reacciones familiares?

    Buen casting: la elección de la protagonista (por cierto, de aspecto monjil) demuestra con su actuación que es mucho más que un physique du rôle. Los demás personajes, cumplen, y tal vez haya que subrayar el buen papel de Patricia López Arnaiz en el rol de Maite, la tía, y de madre priora, interpretada por Nagore Aranburu.

    ¿Cómo se le ocurrió a Aluda Ruis de Azúa hacer esta película? Cinco lobitos parecía una película más que potable. Pero, la nominación de Los Domingos como mejor película en los premios Goya no tiene palabras. Bien merecidos los premios a las actrices.

    En resumen: a vocación de una enajenada.

  • Sorda (2025)

    Aprovechando el éxito relativo de su corto de 2021, del mismo nombre y con la misma protagonista –su hermana Miriam– y muy probablemente con financiaciones externas, de acceso bastante fácil. ¿Quién o cuál entidad pública se atrevería a decir ‘no’ a contribuir en un proyecto ejemplar, no solo políticamente correcto, sino digno de ser firmado por madre Teresa de Calcuta?

    Así, a lo largo de los años vemos prosperar proyectos de personas con discapacidad intelectual, Campeones (Javier Fesser, 2018), Forrest Gump (Robert Zemeckis, 1994), I am Sam (Jessie Nelson, 2001), Rain Man (Barry Levinson, 1998); discapacidad física, My left foot (Jim Sheridan, 1989), Intouchables (Olivier Nakache y Éric Toledano, 2022); ceguera, Dancer in the dark (Lars von Trier, 2000), Scent of a Woman (Martin Brest, 1992) –libremente inspirada en la película de Dino Risi Perfume de mujer (1974)…

    Se han hecho películas de todo el abanico de discapacidades, deformaciones, singularidades, con éxitos variables. Sin olvidar remakes, como el reciente Champions (Bob Farrelly, 2023) –remake de Campeones. Más que remakes, a veces se hacen copias descaradas (aunque autorizadas) del original, como CODA (Sean Heder, 2021), copia de La famille Bélier (Éric Lartigau, 1914), bastante más lograda que su copia.

    Volviendo a Sorda : hay una falta de química entre la protagonista y su marido que se nota en varias ocasiones. A pesar de ser una película de una duración más que razonable (99′), a ratos es repetitiva y prolija, quizás porque Eva Libertad, la directora, buscaba reconocimientos en una categoría menos ‘maldita’ que la de los cortos, donde ya había llamado la atención con un corto con el mismo título, el mismo argumento y la misma protagonista (Sorda, 2021, 18′). Posiblemente, una de esas películas que podríamos definir como inútil.

  • Father Mother Sister Brother, o mentiras familiares

    Cuando tenemos algo demasiado cerca, no sabemos enfocar. Father Mother Sister Brother es un claro ejemplo de este efecto.

    Al salir de la sala he oído comentarios del estilo uf, ¡qué dramón!, …no entiendo muy bien de qué va, o  …¡qué aburrimiento! Cada uno de estos comentarios es acertado. Las relaciones familiares efectivamente son dramones, no se entienden y a menudo aburren.

    Jim Jarmusch nos habla de relaciones familiares basadas en la incomunicación, donde hay esqueletos en el armario, hay mentiras (piadosas hacia quien miente o sin piedad), hay patrones de comportamientos en las relaciones familiares, que suelen ser las menos sinceras. Nos pone delante un espejo en el cual hay quien no sabe reconocerse, solamente ve figuras distorsionadas, sin entender que se trata de la imagen reflejada de cada uno de nosotros y nuestras familias.

    Jarmusch consigue hablar de temas existenciales profundos con un minimalismo digno de Yasujirō Ozu y unos diálogos –cuando los hay– que hubiera podido escribir Éric Rhomer y que, detrás de la aprente sencillez, esconden una complejidad extraordinaria.

    Una película que invita a pensar a aquellos que se reconoce en algunos de los personajes, y debería dar la alarma en aquellos que se quedan perplejos («¿por que habrá hecho una películas donde no pasa nada?»), que son aquellos incapaces de ver su propia imagen reflejada. Según el nivel de conciencia que tengamos en nuestras relaciones familiares, la película puede ser dramática o de humor, y aquí está una de sus virtudes.

    El que no se percata del humor es quien no tiene resuelta su propia relación con la familia. Que son los mismos que salen de la sala con mal cuerpo, a los que les vendría bien analizarse.

  • La mirada del «cuñao»

    Me refiero a la mirada que te dedican algunos cuando expresas una opinión a contracorriente, o simplemente que no coincide con la suya, en un ámbito superficialmente homogéneo. Habitualmente es el jefe de la banda (inmediato superior, o colega con más años de experiencia, o el que se cree iniciador de la actividad, el que se posiciona como cuñao) quien te mira de esa manera. En el ámbito cinematográfico, eso pasa cuando expresas opiniones ‘que van ‘impopulares’.

    Si es una ‘película de Hollywood’ (y todavía me queda por entender qué quiere decir el que emplea esta definición) y te atreves a decir que te gusta, tienes que estar preparado para esa mirada y a veces a algo más contundente. Pero, lo peor es cuando intentas desacralizar lo sagrado.

    Me pasó recientemente con Yi Yi, una película dirigida por Edward Yang, un director de Taiwán que brilla por su arraigado anticomunismo, lo que justifica en parte su éxito internacional. Dije que me había parecido insoportable (dije «un tostón»), y el cuñao, sin siquiera preguntarme, me descalificó, con esa mirada compasiva y al mismo tiempo arrogante de quien posee la Verdad.

  • Envecimiento y decadencia

    Pocas son las cosas que mantienen la dignidad con el pasar de los años y algunas, raras veces, hasta pueden adquirir un nuevo status, más noble de el que tenían en la juventud. Los vinos, los libros, las películas –¿las personas?– y muchos otros ejemplos lo demuestran. Pero, en la mayoría de los casos, los vinos se vuelven agrios, los libros pierden interés y las películas simplemente envejecen.

    C.R.A.Z.Y. fue en su tiempo una película destacable por el argumento central y su forma de tratarlo. Vista hoy, solamente 20 años desde su estreno, la película ha enmohecido, su guión se ha vuelto blando, los actores, grises y los diálogos, improbables. Y no son los 20 años transcurridos desde su estreno, porque películas de la misma quinta (solamente para recordar algunas, Jarhead, Walk The Line, Crash, Sin City, The Longest Yard, North Country, The Lord of War), aguantan el lapso de tiempo y se mantienen vibrantes y actuales.

    ¿Quiere decir esto que C.R.A.Z.Y. no es una buena película? Lo fue, pero ya no lo es.

    Una nota importante:

    Además, debido a la necedad (y nulo interés) de quien se ocupa de la proyección, la vimos en el Cineclub en versión ‘alargada’, porque posiblemente fue proyectada en 1.78 en lugar de 1.85. Otro aplauso para el cine de Navalmoral y su dueño. ¿Lo más peculiar del asunto? Que NADIE se dio cuenta.