Samia: el chantaje moral

Película de producción europea (Alemania, Bélgica e Italia), que cuenta para su éxito (en realidad, no tuvo mucho, ni lo merece) con el factor étnico (hablamos de somalíes, y aunque no sepamos situar a Somalia en el mapa, nos parece mal hablar mal de una película donde todos son pobres y negros), y con el factor edad, porque la protagonista es una niña. Niña, negra, pobre y con un sueño, y la comida está servida.

A pesar de estos argumentos tan fuertes para chantajear al espectador, la película no lo logra. En primer lugar, da por descontado que sepamos donde está Somalia, que conozcamos que desde hace 30 años allí se desarrolla una guerra civil, que hay una guerra tribal, una guerra entre clanes, y otra entre señores de la guerra (me refiero a los vendedores de armas). Hay algunas referencia muy confusa a que hay tensiones, como cuando una patrulla de milicianos reprocha a Samia correr sin velo (¡vaya amabilidad de gente! Que se lo cuenten a los taliban) o cuando madre dice a Samia que no salga a correr por las calles, que es peligroso. Referencias demasiado superficiales para una situación tan compleja.

Volviendo al tema, me parece que una vez más se confunden dos elementos, habitualmente necesarios ambos para que una película sea redonda: la story y el story telling. Son dos conceptos muy distintos, y el flop de uno de los dos puede hundir un film. No siempre es así, porque la fuerza de uno de estos dos elementos puede ser tan intensa, que nos hace olvidar la flaqueza del otro.

Para poner ejemplos, Clint Eastwood, ciertamente no un santo de mi devoción desde muchos puntos de vista, posiblemente es el story teller actualmente más relevante, capaz de involucrarnos a nivel anímico con cualquier historia que grabe, por mala, cursi o banal que sea.

Eso pasa también en la literatura. Otro santo NO de mi devoción desde el punto de vista socio-político, Mario Vargas Llosa es alguien que podría hacer literariamente interesante, si la contara, la receta del huevo frito.

Samia flaquea en ambos aspectos. Aunque quizás la historia pueda interesar a algún racista converso, está tan mal contada que no consigue en ningún momento apasionarnos. Hay otros elementos risibles, que no cuento para no explayarme demasiado, pero en conclusión, la película no vale mucho.

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