Un corto sin pulso

«Mi abuela extremeña», corto muy corto (7-8 minutos) de una directora local, muy local (de Navalmoral de la Mata) es una ‘entrevista’ que la directora hace a su abuela Victoria Carrasco. El éxito de las entrevistas no depende tanto del entrevistado (entrevistada en este caso), sino de la capacidad de quien hace la entrevista. La protagonista, doña Victoria Carrasco, lúcida a pesar de la edad, con una carga emocional importante y muy capacitada para contar cosas, tuvo que enfrentarse a una entrevistadora muy dócil y muy blanda, incapaz de sacar jugo de una ocasión importante y bastante irrepetible. El documental –si esta es la palabra– se limita a un monólogo de la protagonista que, en otro contexto, seguramente tendría mucho más que decir.

Detrás de esto se puede entrever –sin justificarlo– el tema temporal, de prisas, confesado por la misma directora, que volvió de México para Navidad y tuvo que recolectar en un lapso de tiempo limitado el material. El tema tiempo es comprensible, pero no sirve de justificación. Desconozco las capacidades de Livia Drusila Castro, pero intuyo –y rezo que así sea– que sus cualidades como directora y guionistas vayan más allá de la pobreza de este cortometraje.

En el aspecto meramente fílmico, el corto tampoco destaca. Faltan planos de recurso, hay fallos de encuadre cuando no los hay de enfoque, y la posproducción tampoco parece muy cuidada, empezando por un etalonaje poco coherente. ¿Las prisas? Las prisas, sí, pero hay casos en que tal vez sería mejor esperar.

Bonita la sala, gran afluencia de público y algún que otro fallo técnico. Pero, la sala es un teatro y el que estaba al frente de las conexiones y de la proyección del corto no es un especialista. Vamos, tampoco es especialista –cuando tendría que serlo– el proyeccionista de la sala de cine, que acumula más fallos que aciertos en las proyecciones de los martes.

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